Hace 80 años desapareció el rastro de
August Landmesser, el hombre que no saludó a Hitler y se atrevió a casarse con
una judía: una historia con finales dramáticos para todos los involucrados
La foto es famosa en el mundo entero. A
pesar del paso del tiempo. En ella se ve a miles de personas saludando a Adolf
Hitler en la Alemania nazi. Salvo un hombre. Ese hombre se llamaba August
Landmesser.
El saludo adoptado por el Partido
Nacionalsocialista Obrero Alemán debía ir acompañado del grito de ¡Heil Hitler!
Nadie se negaba a hacerlo. Por convicción o
por miedo. Pero Landmesser se negó. Nacido el 24 de mayo de 1910 en Pinneberg,
Alemania, el heroico rebelde era trabajador de la empresa Blohm + Voss, en
Hamburgo.
El 13 de junio de 1936, Hitler participó en
el bautismo de una nueva nave de la Armada alemana. Landmesser se mantuvo de
brazos cruzados. Y entró a la historia
En 1931 se afilió en el Partido Nazi,
aunque se cree que lo hizo para conseguir trabajo, ya que la afiliación era
recurso esencial para obtener uno.
Pero en 1933 Landmesser se enamoró. Fue
cuando se cruzó con Irma Eckler. Ella también se enamoró perdidamente pero
llevaba consigo un estigma para esa época y ese lugar: era judía.
El amor supera todas las barreras y en 1935
la pareja se unió, aunque no legalmente ya que las Leyes de Nuremberg,
promulgadas en aquella época impidieron que se casaran.
Landmesser fue expulsado del partido nazi.
Al hombre no le importaba. Sólo le interesaban Irma e Ingrid, la hija que ambos
tuvieron en octubre de 1935.
El 13 de junio de 1936, el Partido Nazi
organizó el bautismo de una nueva nave de la Armada alemana en los astilleros
de Blohm + Voss, en Hamburgo. Los obreros asistieron en masa y realizaron el
saludo nazi. Salvo Landmesser, que se mantuvo de brazos cruzados. Y entró a la
historia.
Esta foto se convirtió en un emblema del
desafío. Pero fue su certificado de defunción en vida.
Al año siguiente, en 1937, Landmesser trató
de huir de Alemania con su mujer e hija para dirigirse a Dinamarca. Fue
detenido en la frontera y otra vez le impusieron las Leyes de Nuremberg, por
las cuales fue acusado de “deshonrar a la raza” y de “infamia racial”.
Un año después, Landmesser fue absuelto,
pero obligado a romper su relación con Irma. El hombre no lo aceptó y su
valentía le costó que lo enviaran tres años a un campo de concentración.
Irma, que estaba embarazada de él en ese
momento, también fue detenida y llevada a un campo de concentración. Allí dio
luz a la segunda hija de la pareja. Se llamó Irene. Su papá nunca pudo
conocerla.
Irma fue separada de sus hijas y llevada a
un campo de exterminio donde fue asesinada.
En 1941 Landmesser salió en libertad. No
sabía donde estaban sus hijas, ni jamás se enteró que su mujer ya había sido
asesinada. Pero su dolor no terminó allí. Fue reclutado y enviado al frente. Y
nunca más se supo de él.
La historia de la pareja se mantuvo en
secreto hasta 1996 en que fue dada a conocer por Irene. La pequeña había sido
llevada a un orfanato tras separarla de la madre y más tarde fue adoptada.
Su hermana Ingrid tuvo más suerte. Vivió
con su abuela materna.
En el actual 2018, el
saludo fascista está prohibido en Alemania y Austria, y quienes utilicen la
frase ¡Sieg Heil! (Viva la victoria) pueden ser condenados con hasta 3 años de
cárcel. Otro tiempo. Una historia mejor.
El trágico final del hombre que se negó a saludar a Adolf Hitler
07/May/2018
La Vanguardia